¿Qué es la terapia en grupo?
Cuando pensamos en hacer terapia, lo más habitual es imaginar un espacio individual, en el que una persona se encuentra con su terapeuta para hablar de aquello que le preocupa o le genera malestar. Es una modalidad que conocemos y de la que seguramente hemos oído hablar a través de amigos, familiares o de nuestra propia experiencia.
Sin embargo, existe otra forma de hacer terapia de la que quizá sepamos menos: la terapia grupal.
¿Qué ocurre cuando, en lugar de hablar de nuestras relaciones únicamente desde un espacio individual, tenemos la posibilidad de encontrarnos con otras personas? ¿Qué puede aportar diferente a un proceso individual? Y, sobre todo, ¿qué podemos descubrir de nosotros mismos cuando escuchamos cómo otra persona vive algo que, en apariencia, se parece a lo que nosotros vivimos?
La terapia grupal es una modalidad terapéutica en la que varias personas comparten un espacio de escucha y trabajo, acompañado por uno o varios profesionales.
Una de las particularidades del trabajo grupal es que aquello que nos ocurre en nuestras relaciones puede empezar a aparecer también dentro del propio grupo. La manera en que nos acercamos a los demás, aquello que esperamos de ellos, lo que nos cuesta expresar o nuestra forma de reaccionar ante el desacuerdo o ante la cercanía pueden hacerse presentes en ese espacio y convertirse, a su vez, en algo que podemos observar y pensar.
En este sentido, el grupo permite trabajar no solo sobre lo que nos ocurre, sino también sobre cómo nos relacionamos con los demás.
Diferentes modalidades de terapia grupal
Existen diferentes modalidades de terapia grupal. En algunos casos, el grupo se constituye alrededor de un malestar o una situación común. Podemos encontrar, por ejemplo, grupos de personas que han perdido a un familiar, grupos de padres y madres cuyos hijos presentan alguna dificultad en el desarrollo o el aprendizaje, o grupos centrados en determinadas problemáticas.
Compartir una situación puede generar un sentimiento de reconocimiento: descubrir que no somos los únicos a quienes les ocurre algo puede resultar importante. Pero, al mismo tiempo, aunque exista un malestar común, cada persona lo experimenta de una forma singular.
Precisamente, esta diversidad dentro de un espacio compartido es una de las riquezas de la terapia grupal. Escuchar cómo otra persona vive una experiencia que, en apariencia, se parece a la nuestra puede permitirnos descubrir otras formas de entenderla y, quizá, reconocer aspectos de nuestra propia experiencia que hasta entonces habían quedado en segundo plano.
También existen grupos en los que los participantes no comparten un mismo motivo de consulta. En estos casos, el grupo se constituye como un espacio terapéutico en sí mismo, donde la interacción con los demás permite poner en juego, observar y transformar algunas de nuestras formas habituales de relacionarnos. Porque hay cosas que podemos pensar cuando estamos solos y que adquieren otro significado cuando aparecen en presencia de otros.
¿Cuándo puede ser recomendable la terapia grupal?
El espacio grupal suele ser recomendado para quienes han iniciado o recorrido un camino en la terapia individual, o para aquellos que ya han desarrollado una cierta capacidad de introspección y no se encuentran en un periodo de crisis emocional aguda.
Desde esta mirada, es importante que previamente se haya podido sostener un tiempo de trabajo individual que permita una estabilización de los síntomas más intensos o bien que la persona se encuentre en un momento de mayor alivio emocional.
No se trata de llegar al grupo con algo ya resuelto, sino de encontrarse en un momento en el que sea posible detenerse, escuchar y preguntarse por aquello que sucede entre uno mismo y los demás.

Dos propuestas de terapia de grupo en nuestro centro de psicología en Retiro
Desde el equipo de Psicólogos Retiro nos hemos animado a poner en marcha en 2026 dos grupos terapéuticos, tomando como punto de partida algunos de los malestares que escuchamos con frecuencia creciente en nuestra práctica clínica.
Son dos propuestas diferentes, pero ambas parten de una cuestión que atraviesa buena parte de nuestro trabajo: cómo nos relacionamos con los demás y qué sucede en nosotros cuando intentamos construir un vínculo.
Un grupo para explorar cómo nos vinculamos
Este grupo está dirigido a aquellas personas que quieren preguntarse por su manera de relacionarse con los demás. Se trata de un grupo heterogéneo, en el que cada participante tendrá la oportunidad de explorar y poner en común qué aspectos de los vínculos le resultan especialmente difíciles.
Los vínculos, inevitablemente, están llenos de malentendidos, desencuentros y diferencias. Pero, en ocasiones, hay algo que se repite y que termina generando un malestar significativo.
El encuentro con otras personas permite descubrir que existen diferentes maneras de relacionarse, de interpretar una misma situación y de afrontar los conflictos. Esta diversidad puede enriquecer nuestra propia experiencia y, al mismo tiempo, el propio grupo puede convertirse en un espacio donde ensayar y experimentar otras formas de estar con los demás.
No se trata de encontrar una manera correcta de relacionarnos, sino de comprender un poco mejor la nuestra y abrir la posibilidad de que pueda ser diferente.
Un grupo para quienes encuentran dificultades para construir una relación de pareja
En consulta escuchamos cada vez con más frecuencia las dificultades para encontrarse con el otro y construir un vínculo amoroso. En un contexto en el que las formas de relacionarnos han cambiado, en el que aparecen los llamados «casi algo», las aplicaciones para buscar pareja y una sensación de disponer de infinitas posibilidades, parece paradójicamente más difícil, en ocasiones, encontrar un lugar para el encuentro.
Podemos desear una relación y, sin embargo, encontrar dificultades para sostenerla. Puede aparecer miedo a comprometerse, ansiedad ante la posibilidad de ser rechazados, dificultades para sostener la intimidad o expectativas que terminan dificultando el encuentro. También los modelos sociales y culturales sobre el amor influyen en nuestra manera de relacionarnos y en aquello que esperamos de una pareja.
Este grupo propone un espacio para detenerse en estas preguntas y reconocer aquellos patrones que repetimos en nuestras relaciones. A través de la escucha de los demás y de lo que ocurre en el propio grupo, podemos ir identificando nuestros miedos, deseos y formas de vincularnos, y abrir la posibilidad de construir maneras diferentes de relacionarnos.
La terapia grupal como espacio de encuentro
Para concluir, la terapia grupal es una oportunidad para descubrir algo de nosotros mismos a través de los demás y para experimentar, en un espacio cuidado y acompañado, nuevas formas de vincularnos.
Autora
Laura de Blas Padilla
Psicóloga Clínica en Psicólogos Retiro.